Cuídate, no hay camas UCI suficientes

Confinado a los sentidos

Entre Alex Tsipras y la Premier League.

[...] digo bosque y he perdido la geometría del árbol.

Marcos Ana

Publicado: 2020-07-11


Cuando intento recordar en qué momento empezaron mis miedos por las grandes ciudades, no dejo de encontrarme con el año 2015. Estaba en quinto de secundaria, los profesores posicionaban al arduo proceso de admisión como la única forma de “ascenso social” en un distrito como el nuestro. En mi cabeza persistía una pequeña frase del álbum de Kendrick Lamar: “¿Eres realmente quien ellos idolatran?”*. Las carreras se presentaban ante mi como pastillas en una farmacia : contra la pobreza, contra la ansiedad, contra tus padres. En ese difícil proceso de negociar futuros, me aferraba al único espacio de tranquilidad que me permitía mi economía: la Premier League.

El mundo del fútbol se había quedado sosegado ante el camino del Bournemouth, un club que en tan solo seis años pasaba de la cuarta división a la primera en la liga más competitiva de Europa. Pertenecer a una pequeña ciudad al sur de Inglaterra y ser dirigido por un joven Eddie Howe, sin experiencia en ligas profesionales, terminaba de escribir el enorme mito que sostenía en los hombros. El 29 de agosto de ese año, como todo buen fin de semana, nos juntamos con dos amigos a ver un encuentro entre Bournemouth y Leicester. Faltando cuatro minutos para que nuestro equipo ganara su segundo partido, Jamie Vardy, la mayor estrella del Leicester, empató de penal. Que la oportunidad de un triunfo se hubiera estampado con un empate, nos había generado un intenso golpe de inercia que terminó por enmudecernos.

Imagen original del partido

Fue extraño para nosotros que el peso abrumador de un hinchaje constante, lo genere un equipo a 10 000 kilómetros de nuestra ciudad. Cambiamos de canal, un programa de noticias internacionales hizo de música de fondo. Durante cuarenta minutos no estábamos prestando atención alguna a la pantalla, cuando de repente un par de términos con sonido curioso nos hicieron escuchar. El presentador dijo: “En Grecia, Alexis Tsipras, quien se desempeñaba como Primer Ministro, renunció a su cargo luego de reconocer su fracaso ante la crisis económica. Dos días después de estos sucesos, se mantiene la expectativa sobre las nuevas elecciones parlamentarias, propuestas para el 20 de septiembre.” Desde la distancia que te proporcionan cinco años, debo aceptar que nunca logramos explicar que parte de esa noticia hizo que nuestras clásicas formas de conversar, tomarán un rumbo tan distinto. 

En esos tiempos, David, quien estaba conmigo al momento de escuchar la noticia, había empezado a prepararse en la César Vallejo una semana antes. Yo creía estar seguro de que el suyo era el camino correcto. Desde que tenía uso de razón había querido estudiar Ingeniería de Sistemas solo porque el nombre me parecía interesante. Disfrutaba de la literatura, pero necesitaba tiempo para enfocarme en ella. - “Nunca llevarás trabajo a casa”- me decía un primo ingeniero- “tendrás mucho tiempo para leer, una casa silenciosa, libros de tapa dura”. Para mí, la estabilidad económica iba de la mano con la compra de distancias imaginarias: entre el trabajo y la pasión, entre el mundo y sus sonidos, entre los delitos y los libros. Que un titular de apenas quince segundos destruyera la sustancia de mi criterio adolescente, terminaba de mostrar las pocas certezas que me sostenían en ese entonces.

A los pocos días, nos habíamos dejado llevar por el ritmo del exterior. Descubrimos quién era Alexis Tsipras, que existía un concepto llamado “Corralito” que había destrozado la economía en Grecia y que lo había llevado a la renuncia. Algo muy parecido había sucedido en Argentina 15 años antes, entre los cuales se había uniformizado un ambiente de angustia económica. Cuando quisimos entender si los dos fenómenos se parecían en algo, nos enteramos que Argentina estaba en medio de un proceso electoral en donde uno de los candidatos parecía tener la intención de permitir otro “Corralito”. Este candidato, llamado Mauricio Macri, luchaba contra una familia de Peronistas, que habían hecho del clientelismo y el populismo su medio de subsistencia. Ese populismo fue teorizado por un abuelo gordito de Buenos Aires* que había influenciado a un niño de 32 años* que vivía en España, llamado Iñigo Errejón. Este último respaldaba al partido político “Podemos”, que estaba lleno de jovencitos igualitos a él, que se reunían los fines de semana a encontrar relaciones político-estructurales en películas independientes de Europa del este. A 3000 kilómetros de España había un partido semejante a Podemos que tenía nombre de villano de StarCraft: Syriza. Y este partido era dirigido por un ingeniero ateniense llamado Alex Tsipras.

En un mundo descomunal, siento mi fragilidad.

Y así era como funcionaba el mundo, todo parecía un enorme juego de roles en donde todos querían, cual “amo del calabozo”*, tener la potestad de decidir en qué momento se podían tirar los dados. A medida que los ibas escuchando, te impresionaba la seguridad que sostenían al momento de evidenciar su poder. Personajes antológicos que, al intentar comportarse como Sandokan*, terminaban pareciéndose a Tom Sawyer*. Confieso que al principio era interesante sentarme a observarlos, entenderlos, predecir sus discursos y sus derrotas como quien espera por semanas el nuevo fascículo de “La Comedia Humana”*. No obstante, recordar que conservaban en su humanidad la decisión sobre la vida de unos y la muerte de otros, me generó un sentimiento de fragilidad, en el que no podía hacer más que sentirme inseguro. Es entonces cuando entendí que si bien el poder podía estar en todos lados, habían algunos lugares en donde comprenderlo era más útil. 

Nunca fui a la César Vallejo, la idea de “comprar” distancias imaginarias no se me hacía suficiente, necesitaba encontrar un lugar más pequeño en donde la inestabilidad de las cosas, en vez de obligarme a escapar, me dejara encontrar soluciones. Espacios en donde lo material se pudiera conocer desde los sentidos más elementales y no a través del insano atrevimiento de querer entender el mundo entero. Elegí una carrera que me enseñe la lógica de este tipo de espacios, en donde pudiera reafirmar la necesidad de atomizar el poder estatal. Lamentablemente me encontré con mucha más gente enamorada de las distancias más grandes, que al igual que yo, habían sentido el dulce golpe de jalar la cuerda a un titular internacional. Una comunidad con ínfulas de omnipresencia, dispuesta a enfocarse en lo descomunal de las tendencias a costa de ignorar la fragilidad de un solo paisaje. Después de todo, parece que las historias de los pueblos pequeños con hombres sin mucho poder, solo son importantes si, por algún elemento del destino, llegan a primera división.

Citas estilo Yapa:

To Pimp a Butterfly fue publicado el 15 de Marzo del 2015, la frase viene de la canción “Wesley´s Theory”.

Ernesto Laclau es un teórico del Populismo como herramienta política.

Errejon, desde nuestra perspectiva, se veia demasiado joven como para ser político. A esa edad estábamos acostumbrados a ver gente, incluso con mas años que nuestros padres, participar en política.

Les recomendamos a todos aprender a jugar Calabozos y Dragones. Solo necesitan hacer una videollamada y descargar algunas aplicaciones.

Pirata, creación de Salgari

Personaje de Mark Twain

Si tuvieran que leer una sola colección de libros, debería ser esta. Escrita por Balzac.


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Empates

Estudiantes ensayando


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